CRÍTICAS DE ARTE:
Recrear colores con la precisión de un cirujano
Guayaquil, Ecuador, mayo, 2023
Los lugares comunes son impertinentes, estorban en las profundidades del arte serigráfico de Carlos Neyra, el maestro colombiano, que adoptó a nuestro país como suyo y decidió cuidarlo, embellecerlo; protegerlo, mostrar sus bondades ancestrales remodelando los colores mágicos con la perfección que consiguieron los grandes maestros de la plástica ecuatoriana y con la destreza de un cirujano que tiene en sus manos privilegiadas la tarea de salvar y devolver la vida a sus semejantes.
Carlos sabe del duro trabajo y de las dificultades para desbrozar las interioridades humanas y devolver, en forma casi perfecta, los colores únicos plasmados por los grandes maestros de la mitad del mundo. Así ha obrado el milagro de reproducir la obra monumental de Eduardo Kingman, Osvaldo Guayasamín, Nelson Román, Enrique Tábara, Luigi Estornaiolo, Carlos Catasse, Judith Gutiérrez, entre tantos otros artistas plásticos que vieron en Carlos Neyra al mensajero indicado para recrear pasado, presente y futuro de la pintura ecuatoriana.
En su modestia, la impresión manual solo consistía en recrear la esencia onírica que, como decía Ernesto Cardenal, es el producto de “todo lo que, de útil y bello, agrega el hombre a la naturaleza”, al referirse al concepto de cultura.
Tuve el honor y placer de conocerlo en Guayaquil, en 1989, a propósito de la muestra “Gráfica de los 80” y del entusiasmo de Miguel Donoso Pareja para que conociéramos algo novedoso, único que había producido su yerno, con la honradez que precedía a Miguel cuando de reconocer otros valores se trataba, algo en él a veces difícil, comprometedor, pero respetuoso del mundo mágico plasmado, caracterizado por la exuberancia del color, la vegetación más verde que pudiéramos imaginar en las obras de los grandes maestros ecuatorianos, dejó que sacáramos nuestras propias y legítimas conclusiones.
Y no es que no hubiera otros cultores de la serigrafía en Guayaquil, pero quienes asistimos a la apertura de la muestra destacamos la diversidad y manejo de la paleta, la fidelidad, el respeto, casi reverencial, a los trazos originales, “el descenso al origen de la creación para reproducir hasta los sonidos de las pinceladas primeras”, como decía César Andrade Faini, sobre el trabajo de Neyra.
No se necesitó de mucho para descubrir al artista estudioso, trabajador incansable, obsesivo en la tarea de obtener lo mejor de los artistas que pusieron su fe en él, que no sería posible si sus condiciones visionarias y el pulso firme fueran incapaces de un movimiento que hubiera podido resultar fatal.
El trabajo sobre la malla, la seguridad para dejar que el pincel recorriera las formas y durante la recuperación de los colores esenciales, fue notable. La explicación sobre la profesionalidad que venía desde su padre, destacaba en ceremonial universal de la firma con lápiz de los autores de las obras, la notarización del número de piezas reproducidas y el total de las que deberían ser destruidas, tareas éticas que ennoblecen el trabajo honorable de los serigrafistas.
De su producción admiro las manos de Kingman, los dibujos en blanco y negro de Viteri, tanto como la magia de Nelson Román; el inframundo de Luigi Stornaiolo y la multiplicidad técnica de Carlos Catasse, así como cientos de obras en diversos museos que no las he podido admirar, pero las imagino para intentar entenderlas, tratar de reproducir con dificultad en el texto, porque las palabras son insuficientes para penetrar en el alma de los artistas y encontrar la manera de fidelizar imágenes tan perfectas.
Carlos Neyra no es un mago, es un trabajador de la gráfica en la línea de los primeros artesanos que se interesaron en la reproducción de lo visto para testimoniar el entorno y los sentimientos compartidos de su gente. Esa es, a mi entender, la mejor manera de servir al arte, perennizarlo en la memoria colectiva.
Eduardo Galeano decía, al referirse a la introspección crítica para conseguir el cambio, todo aquello que nos permita descubrir lo que nos identifica ante la necesidad de modificar aspectos, actitudes, situaciones: “Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”, soy un convencido de que siempre será la mejor manera de mirar el pasado para entender el presente y proyectarlo al futuro.
Edwin Ulloa Arellano
Escritor, editorialista
Riobamba, Ecuador, 1947
Edwin Ulloa Arellano
Carlos Neyra, la búsqueda de la perfección
Cuenca, 20 de mayo de 2013
Su oficio de serígrafo, lo ha llevado a la minucia; domina una tecnología que se liga a la impresión, que exige por parte del artista dos cosas, fundamentalmente: una paciencia ejemplar para ir aplicando las capas de color, una a una, en procesos que suman cientos de ellas, hasta lograr que la reproducción sea lo más apegada posible a la obra original que se está multiplicando, un virtuosismo cromático que resulta asombroso y obedece a una privilegiada pupila, capaz de distinguir los más finos matices, las más delicadas veladuras, las mezclas de tonos más insólitas.
Carlos se ha aplicado a alcanzar las más altas cimas de la serigrafía, en obras delicadas de Eduardo Kingman, Enrique Tábara, Mauricio Bueno, Judith Gutiérrez, Oswaldo Viteri, Muñoz Mariño, Luigi Stornaiolo, Carlos Viver, entre otros maestros de la plástica ecuatoriana, obteniendo unas piezas inolvidables, que no solo reproducen, expanden la fidelidad de los originales, si no que realizan una multiplicación de panes, peces del arte, en un continuo milagro de pasión y dedicación inagotables.
Pero Neyra se vuelca también a su propia creatividad, en Monocopias en serigrafía (dibujos realizados directamente sobre el tamiz con espátula, dan como resultado una obra) y ediciones limitadas, en ellas hace gala de sus conocimientos, sus destrezas, entregándonos unas obras en las que se mezclan las técnicas serigráficas con aplicaciones directas de las formas tradicionales de lo pictórico, dibujístico, como el acrílico, grafito y el pastel al óleo.
El mundo entorno, la naturaleza pródiga, las delicadas especies que la pueblan, el paisaje urbano, los tipos humanos, todo constituye fuente de inspiración para que este artista, tremendamente dotado para la creación y la re-creación del encanto, despliegue ante los ojos de los espectadores un arte lleno de sutilezas, absolutamente admirable.
En las obras con la temática de flor y fauna muestra inagotable talento; hay que admirarla en toda su belleza, en los infinitos detalles que la pueblan. Neyra añade a cada motivo propio que trata, una nota ecológica, un rasgo de respeto y ternura, un gran poder evocativo –a veces en composiciones muy despojadas de todo artificio, pero cargadas de significaciones, signos plásticos; en todo lo que hace deja una clara marca infinitamente personal, que sin embargo, cuando se trata de trabajos serigráficos sobre obras de otros artistas, no los desvirtúa, solo los señala de modo inconfundible, al extremo que el espectador sabe, de antemano, que tan excelsa calidad solo puede provenir de él.
Jorge Dávila Vázquez
Escritor, crítico de arte
Cuenca, Ecuador, 1947
Muestra antológica
Jorge Dávila Vázquez



ARQUEOGRÁFICAS DE COLOMBIA Y ECUADOR
Quito, 3 de julio de 2006
Los motivos
El arte es siempre una posibilidad de duración, una posibilidad que funciona como alternativa frente a la velocidad demoledora del tiempo; pero el arte es, sobre todo, un esfuerzo humano de unión, de amistad, entre culturas y pueblos. La exposición Arqueográficas de Colombia y Ecuador, de Carlos Neyra ( Cali, Colombia, 1955 ), se proyecta en las dos direcciones mencionadas. En cuanto al tiempo, incluye el recuerdo de las creaciones de los pueblos que vivieron en las mesetas de la resplandeciente cordillera de los Andes, en las sabanas cálidas próximas al océano y en la amazonia, es decir, en los territorios que hoy se denominan Colombia y Ecuador.
En el significado del abrazo artístico de amistad, la exposición muestra la deslumbrante producción de artistas actuales colombianos y ecuatorianos. Estos trabajos los ha realizado el artista desde 1990.
Los motivos arqueológicos se expresan mediante 41 monocopias y 4 ediciones. Las primeras evocan objetos zoomorfos, fitomorfos y antropomorfos de culturas que florecieron en el Ecuador: Capulí, Tolita, Jama Coaque, Bahía, Manteño, Valdivia, Guangala y Chorrera.
Un conjunto de 21 monocopias y 4 ediciones se inspiran en culturas que se desarrollaron en territorio colombiano, conocidas con los nombres de Guajira, Tairona, Sinú, Urabá, Muisca, Tolima, Quimbaya, San Agustín, Calima y Malagana, Nariño y Tumaco.
Las ediciones ( trabajos ejecutados a partir de obras previas ) se originan en pinturas de los
artistas ecuatorianos Enrique Tábara, Oswaldo Viteri, Nelson Román, Luigi Stornaiolo, Oswaldo Muñoz Mariño, Carlos Viver y Miguel Betancourt. Completan este conjunto, cuatro ediciones de la artista colombiana Amparo Garzón y cuatro realizadas a partir de pinturas del propio Carlos Neyra.
La técnica
Suele pensarse que la serigrafía es una práctica manual y mecánica. Idea parecida a la que generaron la fotografía y el cinematógrafo. En nuestros días esa creencia se ha desvirtuado radicalmente. Como en cualquier manifestación de arte su definición depende del artista, en otras palabras, de su imaginación creadora. En esta se resume la capacidad de percepción del artista, en cuanto su escrutadora mirada registra formas y colores de obras realizadas por autores de todos los tiempos, y recoja las inagotables sugerencias de la naturaleza.
El arte se nutre de arte. Su originalidad reside en la combinación y replanteamiento de elementos. Actividades que obedecen a la sensibilidad del artista y al conocimiento de las necesidades emocionales de la sociedad en la que vive. Claramente, este es el caso de Carlos Neyra. Se debe pensar que monocopias y ediciones son el resultado de un sinnúmero de verificaciones de color, de propuestas que se sitúan en el límite de la imitación, de adiciones francamente nuevas. De hecho, en sus ediciones se encuentra la denominada imitación seria y quizás el pastiche, este último muy sugerente en la serigrafía levantada sobre el cuadro de Nelson Román. Es un pastiche de homenaje al pintor Román, tal como el pastiche que hizo Montalvo en honor de Cervantes.
Los aportes
Cuando se observan las monocopias y las ediciones de las arqueologías, además de las propias composiciones de Neyra, por ejemplo, La Torera - Personaje de Quito, se descubre un tratamiento del color muy agresivo. Recuerdan estas propuestas las de los fauves franceses. Contrastan los colores en las superficies más amplias; aunque en Neyra, en el interior de ellas aparece el ajuste tonal, relación que le permite provocar el efecto del volumen. Surgen, en consecuencia, insólitas versiones de las remotas arqueologías. Los colores de los objetos originales son el pardo y el ocre de las diversas arcillas, el negro y el rojo vegetales y, en ocasiones, el verde del polvo de la turquesa. Estos colores y los diseños materializaron la visión del mundo de esos habitantes, visión fundamentada en el ritmo aparente del cosmos.
Rota esa concepción y asumida la fragmentada visión del mundo que poseen mujeres y hombres actuales, la reproducción plástica de esos objetos realizada por Neyra, es, a su vez, una fragmentada expresión de color o un sorprendente torbellino de colores. Por otra parte, la actualización de motivos trabajada por Neyra, da lugar a una intensa actividad intelectual en el observador, pues este tiene la oportunidad de indagar y esclarecer significados tales como los relacionados con el culto a la fertilidad, la continuidad de muerte y vida, la simbología de peces voladores, jaguares y pájaros, etc.
Los motivos actuales, de artistas ecuatorianos y colombianos incluido Neyra, además de su primera revelación compositiva, manifiestan tratamientos novedosos, autorizados por sus autores, que inducen a inusuales comportamiento de los observadores. Estos dirigirán su atención a los méritos estéticos de las obras iniciales como a los que surgen de las serigrafías. Formas, tramas, colores se examinan con detenimiento, de modo que los ojos de Neyra son, de algún modo, guías para la apreciación de imperceptibles detalles, ocultos tonos y luces ignoradas.
El diálogo
La reproducción cuidadosa o, en términos de los teóricos transtextuales, imitación seria, devela sus secretos y encantos en los trabajos de Carlos Neyra. Por cierto, la reconstrucción de los valores artísticos es tarea del observador. Sin embargo, conviene anotar que el placer estético es la presencia de una voz interior que dialoga con las voces que brotan de las obras. El artista, en esta oportunidad Carlos Neyra, es el responsable de los interlocutores en apariencia silenciosos que esperan en las paredes. Las otras voces del diálogo surgen de los observadores y de su ilimitada sensibilidad.
Julio Pazos Barrera
Escritor, crítico de arte, poeta
Baños Tungurahua, Ecuador, 1944
Julio Pazos Barrera

Carlos Neyra: el arte de la serigrafía que revive el pasado
Quito, 1 de julio de 2006
Las obras del pasado precolombino suelen presentarse en museos revestidos de dignidad, con escenarios fríos, a menudo adornados con el polvo de los años y la rigidez de los escaparates mal iluminados. La obra de Carlos Neyra nos presenta, en cambio, otra propuesta: las piezas arqueológicas se liberan del peso de la inercia y se integran a la modernidad para brindarnos la vigencia milenaria de su mensaje sacro. En su obra se tienen claras referencias al estilo de la Figuración Libre del Neo Expresionismo con su iconografía de gran complejidad y estilo espontáneo, inspirada en temas del inconsciente amerindio. Su estilo es aparentemente rápido y simple en los trazos, con colores planos e intensos. El arte precolombino encuentra en el color que Carlos ha devuelto, la dimensión del antiguo rito amerindio.
Reaparece el movimiento y la fluidez de los danzantes en las figuras antropomorfas de las culturas La Tolita y Jama Coaque. Los progenitores orgullosos de Guangala, La Tolita o de Valdivia nos presentan a sus críos en el marco de sus ritos de paso, o en escenas de la vida cotidiana. Las faces de la vida se representan en las Venus núbiles o grávidas de Valdivia o en el anciano de los Andes. La iconografía y la simbología de la fauna del bosque americano aparecen animadas con felinos, aves, peces y figuras míticas. Estos nos revelan su esencia con tonos fogosos o serenos. Las fauces del felino tropical ( La Tolita o Tairona ) se vuelven a abrir con la furia del color de los Fauvistas. El águila de San Agustín domina y devora la serpiente en los colores sosegados de la piedra.¿Qué motiva a un artista a retomar la iconografía precolombina? La pregunta es obvia y necesaria. Algunos buscan inspiración en las formas milenarias. Otros buscan la esencia del arte llamado primitivo, otros quieren acercarse al significado de los símbolos. Por fin, hay quienes desean reinterpretar el sentido de las formas, penetrar en su dimensión intrínseca y buscarle nuevas alternativas al significado y al significante. Neyra pertenece a este grupo, su mirada busca los objetos que le atraen, su sensibilidad se entera del mensaje y su mente lo procesa en nuevas dimensiones. La serigrafía es su instrumento de expresión.
Con esta técnica se le abren las puertas de la luz y de las sombras, del color y de sus tonalidades. Con su pincel, sus espátulas y su tamiz da rienda suelta a su creatividad y las formas milenarias recobran sustancia y alegría. De pronto se rompe la solemnidad y la rigidez de las antiguas ceremonias y surge el jolgorio de la vida resoplada. Surge en ella la búsqueda de la identidad americana con la exaltación y la recuperación de lo que hasta hace poco era pomposamente elitista o marginal.
La serigrafía de Neyra devuelve a las piezas milenarias la autenticidad de instintivo.
Francisco Valdez Valdez
Arqueólogo, antropólogo
Quito, 1 de julio de 2006
Francisco Valdez Valdez

Poesía
Carligrafías al detal -
Quito, 5 de octubre de 1994
Al granel no.
Al por mayor no. Al detal.
Al detalle de la paciencia
del ojo avizor
de la mano cirujana
del pelo de marta de dócil pincel
para enmendar la seda
la que se da en el ojo de luz del tamiz
de la cárcel cuadricular por donde escapan los colores
la línea fronteriza que los une y divide
y a veces la piel contra la piel
en acto de amor uno sobre otro
en veladuras y voladuras en volutas del pulso veleta
para que se vea lo que no se ve
y no se vea lo que se ve.
Porque cada
Impresión
cada pasada
es paso de maestro
que deja sus huellas para que le sigan
y persigan los espectros
las radiografías que hay detrás de cada forma
como un verano sobreimpuesto a la primavera
y un otoño al pie del invierno
hasta que surja por parte de magia
la flor en el pelo de ella
o en el ojal de él
o en el cuadro que habita la pared
porque ser serígrafo
es ser un polígrafo
es ser un grapho
un grifo
de agua
de tintas y aceites
un magister de encanto y paciencia
tras los bastidores de la humildad.
Poesía
Iván Egüez
Poeta, Crítico de arte, escritor
Quito, Ecuador, 1944
Iván Egüez

Crítica de Arte:
Caracas, Venezuela, 1 de agosto de 1993
Serígrafo y creador
Carlos Neyra a más de ser un valioso cultor de la serigrafía es, creador de obra propia, la cual refleja talento y disposición innata por este quehacer de perennidades. Aparte de conocimiento en los menesteres de la pintura, busca infatigable los orígenes del color, de las texturas, de las proporciones exactas, del dibujo y lo que es más, de la vida de la obra de otros autores, recreando, permitiendo que esta vaya a enriquecida de nueva savia. Así Neyra trasmuta la obra ajena en propia, la difunde, permitiendo un mayor conocimiento y acercamiento del artista original hacía el público.
Gracias al tamiz y al proceso de la serigrafía manual, por un procedimiento rigurosamente artesanal, a mano, este artista de la serigrafía, con su vasta experiencia y ojo enriquecido por el trabajo diario, nos permite admirar la obra de varios autores de la plástica ecuatoriana e internacional: Eduardo Kingman, Ramiro Jácome, Judith Gutiérrez, Enrique Tábara, Oswaldo Viteri, Nelson Román, Oswaldo Muñoz Mariño, Luigi Stornaiolo, Mauricio Bueno, Oswaldo Mora, Abdullah Arellano, Carlos Viver, (Ecuador). Ismael Vargas (México). Carlos Catasse (Chile).
Carlos Neyra, colombiano. Habla y siente en ecuatoriano. Buceador de la forma y color.
Sus monocopias serigráficas libradas de las ataduras de la obra de otros autores, viven por sí mismas, sin ninguna influencia extraña como se podría prever. Tienen el trabajo del artista
Dr. Leonardo Barriga López
Escritor, historiador, editorialista
Salcedo, Cotopaxi, Ecuador, 1936
Dr. Leonardo Barriga López

Carlos Neyra, Serígrafo de profesión, trabaja en color y blanco y negro con gran sabiduría. Se le reconoce como un re-creador lleno de imaginación; un profesional de rara originalidad y un excelente técnico. Empujado por su innata tendencia al arte, siempre ha dado pruebas de una dedicación ejemplar al oficio.
Se inicia en el arte de la serigrafía en el taller de su padre, y más adelante establece sólidas relaciones con los pintores y editores, a quienes acompaña en la tarea de multiplicar la producción artística.
Su auténtica y fuerte personalidad le obliga a resolver, por sí mismo, los problemas técnicos que le plantea cada trabajo. Hombre sensible a las innovaciones, se ha impuesto la disciplina de una observación rigurosa, para aprehender las destrezas de la serigrafía manual. Las múltiples posibilidades ensayadas, le han pautado procedimientos cada vez más depurados; de modo que los aciertos obtenidos son el nervio central de su constante investigación.
Carlos Neyra se entusiasma al hacer monocopias y reproducir las obras que han sido creadas con destino específico a la serigrafía. La exactitud de las proporciones, del dibujo y el delineado de las figuras lo consigue con incuestionable fidelidad. Puede obtener la sensación de volumen con texturas y sobreposición de veladuras, mediante varias impresiones manuales de diferentes valores de un mismo color, hasta con los efectos de medios tonos. Más aún, alcanza las sutilezas y delicadezas de ciertos trazos, contrastándolos con planos de color que juegan a la luz y a la sombra.
Prevé los efectos que va a obtener, mediante una secuencia de pruebas muy estudiadas, una a una, con paciente meticulosidad. Cada proceso es un reto a su capacidad y a su indomable tenacidad de cultor de la serigrafía artística.
Su observación precisa y su escrupulosa exactitud técnica, sin duda pueden ser relacionadas con su interés por la perfección; pero, de hecho, lo que más se destaca en Neyra son sus consideraciones estéticas, a través del enorme respeto que tiene por la obra original.
Dra. Inés M. Flores
Crítica de arte, museógrafa
Ibarra, Ecuador, 1935
Dra. Inés M. Flores

Crítica de arte
Carpeta “ Tentaciones ” de Nelson Román:
Diciembre de 1988. Quito, Ecuador
Reúne esta carpeta tres serigrafías pictóricas manuales en Cartulina Canson francesa, de 240 gramos, numeradas sobre 100. El artista es Nelson Román (Latacunga, Ecuador, 1945) y el artífice, Carlos Neyra ( Cali, Colombia, 1955. Las obras forman parte de la serie “ Tentaciones ” y han sido trabajadas, la primera con 66 colores dibujados a pincel sobre la malla; la segunda con 45 colores, y la tercera con 35 colores.
Neyra revela en esta serie no solo una gran destreza técnica, sino además una capacidad asombrosa de empatía con el pintor, a quien en cierto modo interpreta, como hace el virtuoso de un instrumento con la obra de un compositor.
Porque no se trata de una reproducción mecánica de las obras de Román, suerte de una recreación infinitamente paciente, absolutamente fiel y evidentemente admirativa de esas pinturas, por parte de un profundo conocedor de los secretos de la pantalla y rasqueta.
Neyra ha conseguido reproducir no solo las formas y la cromática de Román, sino también la textura y veladuras de los originales, en un alarde técnico que rescata la verdad de la serigrafía pictórica manual.
En cuanto al pintor, Román es uno de los artistas más conocidos y prestigioso del Ecuador. De larga trayectoria, viene trabajando en la creación de su propio universo, poblado de seres extraños pero al mismo tiempo familiares, aunque parezca una paradoja. Lo que ocurre es que esas figuras nacidas del contubernio de la imaginación personal con el folclor y la mitología aborigen, ya son parte del marco referencial de nuestra plástica.
Las tres serigrafías pictóricas de esta carpeta son muy representativas de la obra de Román, tanto en los términos de su singular figuración, como de su vigorosa paleta y de su inquietante temática. En estas “ Tentaciones ” se halla plenamente el Román que más admiramos.
Rodrigo Villacís Molina
Crítico de Arte, escritor
Quito, Ecuador, 1933
Rodrigo Villacís Molina



